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Durante un tiempo, cuando era un adolescente soberbio que creía comerse el mundo, soñaba con que existiera una dictadura que fuera manejada por la intelectualidad, y poder tener debates y que todo fuera racionalizado, pero ahora que la estamos viviendo no es la misma imagen que tenía en aquel entonces, sin olvidar que ésta dictadura no es intelectual, sino del sentir. Alguna vez tuve una pregunta en la cabeza durante mucho tiempo, y era, ¿qué podría ser más peligroso, un siento que o un pienso que?; ahora ya sabemos la respuesta.

Todo el adoctrinamiento que se empezó a dar en las escuelas, mientras lo camuflajeaban con talleres de sanación y cuanta madre se les pudiera ocurrir, claro, todo abanderado con el lema de que se está cambiando al mundo para algo mejor. ¿Mejor para quién? No sé si soy el causante de que todo esto haya pasado, alguien alguna vez me lo dijo, no quise creerle.

Extraño cuando podía burlarme porque algun idiota se caía por las escaleras. O porque se hacían bromas estilo pero como ahora todo ofende, todo está mal y todos debemos portarnos mejor de lo que dicta la iglesia católica, porque sino (ya no nos vamos al infierno, no, eso también está mal y no existe) debemos sufrir el escarnio en redes por la nueva santa inquisición de moralistas buenos, correctos quienes creen que se encuentran lejos de la derecha contra la que pelean, y no se han dado cuenta que sólo están espalda con espalda luchando contra ellos mismos.

Después de algunos años, prefiero el diálogo que K le dice a J antes de reclutarlo:
Y sí, estoy usando más videos de lo normal,porque no quiero escribir sobre lo mismo que ya tiene tanto que nos lo han dicho; dicen que leen, que ven las cosas, que son críticos, pero no sé qué tan cierto sea eso, si no son capaces de leer entre lineas en sus recuerdos pop. Pero como ahora todos son los demás debemos callar, no tenemos derecho a réplica porque somos el enemigo, ya sea por raza, color, condición social, preferencia sexual o porque estamos alineados. Tienes derecho a discurso libre, mientras entre en nuestra agenda, tienes derecho a manifestarte, mientras sea por las causas que nosotros decimos, tienes derecho a enfadarte con alguien, mientras no sea de nuestro grupo, tienes derecho de amenzar a otro mientras sea quien nosotros señalemos.

Pues sí, somos el enemigo en una guerra en la que ni siquiera nos enlistamos. Estúpio y sensual Orwell, tenía razón de cómo acabaría el mundo; todos creen que son él pero en realidad se ven como ellos

Al final, el mundo (realmente la humanidad) arderá y todo en este planeta regresará a ser lo que era, un lugar equilibrado sin discursos hechos por una agenda.

La IOT, es el camino a idiocracy

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Algo que podría considerarse uno de los avances tecnológicos para simplificar la vida del ser humano es la Internet0, esa conexión lowspeed que sólo manda ip’s a todo aparato que nos rodea, pero, porque humanos, no hemos aprendido a usar la tecnología a nuestro favor, sino que a partir de ella nos hemos vuelto flojos. Y no sólo con las cosas, también recae sobre la forma de consumo inmediato, sin esperar el menor tiempo por las cosas

Deseamos que todo nos llegue al día siguiente o el mismo día, mejor. Amazon nos ha malcriado con su inmediatez. La paciencia ha desaparecido de nuestro vocabulario, las casas hiperconectadas pueden ser un gran alivio en el mundo ajetreado y veloz en el que vivimos, pero, ¿qué tanto estamos concediendo por la comodidad? ¿Somos capaces de cuidar lo más íntimo que tenemos en lo que se refiera a nuestros espacios físicos?

La Internet0 es la peor barrera de seguridad que podemos tener a nuesra privacidad, eso sin contar toda la información que damos gratis en las diferentes aplicaciones de nuestro día a día, lo damos por la gratiudad de usar algo. Permitimos que Alexa nos escuche todo el tiempo en nuestras casas, que sepa lo que hablamos con nuestras parejas, pero también le permitimos el dejar de pensar por nosotros mismos, el que nos de las respuestas de todo lo que no sabemos sin ser capaces de procesar lo que estamos escuchando. Hace poco tuve la oportunidad de jugar un rato con ella, y tiene sus ventajas, pero no es la décima maravilla del mundo; me divertí tratando de hacer que respondiera preguntas sobre quién es, sobre qué quiere ser de grande o cuando crezca, que me dijera cuál era su mayor sueño y cuál su peor pesadilla; y debo de confesar que mi peor pesadilla, de tenerla, es que me vuelva un idiota “por su culpa”, que haga que deje de pensar porque con sólo decir lo que quiero o preguntar lo que no sé, diciendo su nombre antes, lo tendré en esa inmediatez homérica del búfalo frito.

Perdimos a Larra

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Ya sé que estuve mucho tiempo desaparecido. Tuve que estar de ciudadano modelo, pero no puedo dejar de pensar en lo que sucedió, Estas últimas semanas fueron conflictivas.

Alguien está pensando en hacer una revuelta, mientras que la GMU quiere extender más lejos el vidrio; no sé porqué creen que es una buena idea, tal vez quieren exterminarlos. Estos días vi a la gente caminar con miedo en las calles, la PCP estuvo más activa de lo normal. Pasaban perreras cada 10 min, no sé si escanenado o sólo para que todos nos sintiéramos seguros, aunque por uno de ellos supe sobre la revuelta.

En tw siguen recordando que debemos estar calmados y mantener la correctud ante los demás. La verdad, trato de no estar mucho tiempo en las calles para no tener que estar cada tres minutos preguntándole al de a lado si puedo tal cosa o si puedo tener otra; tal vez debería cometer una falta para que me manden al exilo, pero, ¿y si es cierto lo del vidrio? ¿Y quién está organizando la revuelta?

La última vez que estuvimos en VPN3, les estaba contando cómo fue que llegamos a todo esto. Esa avanzada al norte pudo ser evitada, pero nadie quería ser Larra; incluso, hubo quienes preferían mirar a otro lado escudandose en que ellos no trabajaban así y que muchas gracias. Pero la idea de pertenecer al grupo que salva el mundo con tanta buenitud era el Santo Grial que tanto querían encontrar. O eso es lo que nos han hecho creer.

Si nos dejáramos llevar por los instintos, tal vez sería distinto todo esto. Nos hace falta el humor, ya nadie ríe, sólo hay sonrisas al estilo Flanders, los pocos que intentaron ser duendes desaparecieron, supongo que fueron enviados al exilio, pero nunca supimos realmente que pasó con ellos.

Mientras se trabajaba en la avanzada, el centro sufría otra guerra bizantina sobre cómo deberíamos dirigirnos al otro. Hubo un intento de atentado a la Academia, alguien quizo explotarla mientras estaban en sesión. Por suerte para los que estaban ése día, la bomba nunca explotó. Del terrorista sólo supimos su alias, Fernando Enriquez Ordorica, al parecer nunca existió en tw. Con este acto, le dieron una fuerza incontenible a los abanderados por el puño magenta, a partir de entonces se convirtieron en la fuerza política más importante. Algunos dicen que también fue cuando la hoguera de las vanidades resurgió, yo digo que fue la de Torquemada.

Empezó la censura, primero fueron los libros, el FLE fue entregado a un autorcilla menor que tuvo un golpe de suerte por ser la únic en tener tiempo para estar posteando los libros que deberían irse a la basura; Huxley, Barthes, Ballard, Bukowsky, James, Miller, Rimbaud; o cualesquiera que a esta mujer no le gustara. Fue una censura a destajo, y por su puesto, todo lo que se publica desde entonces, debe estar sujeto al manuel de estilo del FLE, o mejor dicho, bajo la estructura politicamente correcta de la buenitud.

Tratando de sobrevivir

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¿Qué es lo que respondo cada que me preguntan dónde estaba el día en que el mundo se convirtió en esto? Sólo puedo contarles cómo empezó la tragedia griega en la que nos encontramos, de cómo los buenitos a través de lo políticamente correcto ganaron poder y la razón perdió.

Hace un par de meses, una amiga se molestó conmigo por utilizar la sátira ante ciertas posturas del feminizmo, no porque sea un misógino como me tachó, sino porqué a partir de ella pude rebatirle varias de sus posturas posMoe revolucionarias. Y cuando no se llega a un punto medio, donde no sólo sea rebatir argumentos porque en estos momentos la moda te avala, sólo queda dar media vuelta e irse por donde se llegó, con todo y tus privilegios que te avalan mientras tienes tres trabajos con los que apenas te alcanza para vivir en un hotel del centro, mientras ella trabaja tres días a la semana con su familia, medio día cada uno, y con ello vivir en un depto. de buen tamaño con otra persona igual que ella.

Pero no le toques la decidia sobre sus proyectos, no le digas que no hace nada de lo que tanto quiere por miedo a fracasar, mientras se escuda con el victimismo de no ser privilegiada, cuando te contó que está usando sus mañana para aprender otro idioma; porque ahí, eres otro más que no quiere ver el mundo y salvarlo, que no quiere apoyar la causa santa que salvará nuestra época.

Después llegó febrero, y la avanzada hacia el norte con la obra aposteósica comenzó. Dicen que viajar te abre la mente, que es la mejor forma de encontrar las respuestas a lo que nos cruza por la cabeza. Al principio se veía intereante, como si realmente se tuviera organización. Con la bandera de que distintas generaciones pueden trabajar juntas. Siempre trato de no perder la esperanza, como especie hemos creados muchas cosas maravillosas, incluso destructivas que pueden maravillarnos, pero hasta ahora sigue existiendo eso que puede tumbar cualquier obra que hagamos.

En aquella época no había un pobrecito hablador, o un duende, todos temían ser linchados en tw. Empezaron a circular grupos para compartir memes políticamente incorrectos, pero pronto fueron cayendo uno a uno. La sátira fue penalizada, debías ser correcto en pensamiento, palabra, obra y omisión; si fallabas, el exilio te esperaba. Sospecho que muchos lo hicieron a propósito. Quisiera saber cómo viven, tw sólo nos dice que aquí estamos mejor, que todo lo que esté fuera de esas ventanas nos matará.

¿Puedo pedirles un favor? La verdad no es tan complicado como podría parecer en estos momentos, sólo quiero saber si alguien todavía tiene recuerdos reales de su vida, o si es que ya todos estamos condicionados a la verdad del pueblo.

El toque de queda está a minutos de iniciar, debo correr antes de ser arrestado. Nunca pude comprobar que mi género y preferencia sexual no son peligrosas para la sociedad y debo estar en mi casa antes del atardecer. Dicen que debo sentirme afortunado, sólo tengo toque de queda, y análisis una vez al mes; en los pasillos de los centros de análisis siempre se escuchan comentarios de los que han sido castrados químicamente. Nunca he conocido a alguno, tengo la teoría que terminan suicidándose.

¿Fue en un café?

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Sentado en un café, frente a mí se encuentran dos parejas en distintas mesas; la más cercana son un par de adolescentes que empeizan a creer que ya son lo suficientemente grandes para fumar de una cajetilla negra, con el centro de colores, y beber azúcar en exceso. La segunda, son un hombre en los treitas tardíos, aunque parece de cuarenta y tantos, y una chica entrando a los 30.

Los niños se encuentran en una de esas citas express donde supuestamente están haciendo tarea, pero sólo están esperando el momento para ir a esa casa que se encuetra sola de alguno de ellos; mientras esperan, la preparatoriana, le peregunta a su acompañante qué es lo que va a leer mientras saca la novela rosa envuelta en terciopelo rojo que le vendieron en algún Samborn’s. El mozalbetillo no responde y continúa platicando por what’s. Después de un rato, la chica le lee un párrafo soso de la novela, y él, queriendo parecer más maduro de lo que sus bermudas floreadas dicen, le responde con esa sonrisa de intelectual fallido mientras comenta que lo que acaba de escuchar está muy rebuscado. La niña sólo lo ve con cara…

Mientras tanto, los adultos del fondo tratan de mantener una conversación de más de 3 min., pero el teléfono del treintón madreado no los deja con su incesar tono de llamada que conlleva a una llamada de 10 minutos o más, mientras su acompañante sólo espera a que acabe. Después de un rato, por fin deja el teléfono sobre la mesa, pero mantiene la pantalla de su lap abirta y prendida.

Los mozalbetillos calenturientos, porque según ellos lo han disimulado muy bien, deciden irse a la casa prometida porque, al igual que la entrada a la cueva de las maravillas, saben que el reloj de arena está corriendo contra suya para poder hacer eso que cualquier adolescente con una casa sola hace. Faltosear.

Salen presurosos casi olvidando las plumas que supuestamente iban a usar sobre los cuadernillos que sacaron. Ella le pregunta si tiene tarjeta de metrobus porque ella olvidó la suya, o la perdió, no sabe bien qué pasó con ella. Él sólo mueve la cabeza para decirle que sí mientras revisa con la mirada las notificaciones en su teléfono. Huyen lo más rápido posible de la cafetería.

Los treintañeros por fin habían podido disfrutar una plática de más de 20 minutos hasta que el teléfono volvió a sonar. Al parecer, ellos no son una cita romántica como los preparatorioanos, sino que e suna cita de asesoría para gastos funerarios. O tal vez, sí es una cita de góticos treintañeros que no les quedó de otra más que madurar y dejar las capas colgadas en el clóset de casa de sus padres. Y uno aquí creyéndo que sólo son negocios.

Pero, no son ellos los que nos interesan,no. Son los que se encuentran tras el vidrio, aquellos que están mendigando para que los dejen pasar. Nunca voy a poder entender cómo fue posible que pasara esto, se suponía que tuvimos muchas advertencias, pero al final terminamos haciéndolo. Los que se quedaron afuera sólo quieren pertenecer, ¿pertenecer a qué?

También están los que prefirieron el exilio. Posiblemente la mejor opción después de unos años de estar haciendo lo mismo todo el tiempo, tratar de agradarle a gente que te vale 3 kilos de reata. Pero hay que pertenecer, hay que ser un individuo más en la masa amorfa que hemos tomado como humanidad. Queremos salvar al mundo sin dejar de reproducirnos como si el mundo fuera a acabarse y nuestras crias no pudieran alcanzar a ver lo hermoso que puede ser vivir en la civilidad, en la correctud absoluta, y en el ¿puedo?

¿Puedo? ¿Qué puedo, qué debo o por qué debo preguntarme eso? Si sólo se tratara de una duda sobre el ser, no tendríamos problema, ya hemos crecido con la religión. Pero aquí no es esa la senda que llevamos, sino en el pedir permiso para todo. ¿En verdad los que están afuera quieren volver a esto? Al tener que empezar cada oración que escriban o digan con un ¿Puedo? Es como si nunca hubieramos salido de la primaria.

Apología del bullyng

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¿Desde cuándo nos volvimos tan blandengues? A riesgo de sonar como un anciano decrépito, todavía recuerdo aquellos buenos tiempos donde podíamos decir las cosas como son, si alguien te cagaba, se lo decías en la cara y punto, si alguien, a tu parecer, era un pendejo, simplemente se lo decías.

Crecí en una escuela no mixta, sí, de esas donde eres un número por año, y que frente al escritorio durante cinco años ves a otro cabrón; sólo el primer año de primaria tienes maestra, pero en su mayoría con más testosterona que un luchador pelo en pecho. Era un sistema que desde el inicio te hacía saber de qué va el mundo, la ternura y comprensión no tenía cabida ahí, en la escuela te encontrabas con un ambiente primitivo. Encerrar a 50 niños por salón, siete por año, y seis grados escolares; a mi no me engañan, eso era una prisión de mínima seguridad. Pero también tuvo sus meritos estar ahí y entrarle al quite todas las veces que fuera necesario.

De unos años para acá me ha sorprendido mucho ver que la gente se espanté cuando les cuento mis anécdotas escolares, claro, éramos unas lacras, pero lacras con honor. Un sistema así de rudo con la gente tenía una finalidad: forjarte carácter. Amigos, conocidos, compañeros de la chamba y demás individuos circundantes a mi vida se sorprenden de saber que cuando nos peleábamos en la primaria, el director nos llevaba a su oficina, nos ponía guantes de box y hacía que nos reventáramos el hocico y después suspendernos; o sorprenderse de la leyenda de “El Choco”, el cabrón que se madreó a más de 58 güeyes detrás del estacionamiento del Suburbia de Plaza Universidad; se asustan del cuento en el que engrapamos a un sujeto enfermizo a la pared, o de cuando colgamos a alguien de una canasta de basket, o le hicimos el infame “tubo” hasta que se desmayó por el dolor. Yo siempre recuerdo esto, incluso las veces que yo fui el puerquito de alguien más, ¿por qué? Simple, porque así funcionamos los seres humanos.

Más allá de causar controversia, estoy aquí, tipeando estas palabras para defender a todo eso que hoy llaman bullyng, y es que los extremos de ridiculez a los que hemos llegado gracias a esta paranoia propoliteness se ha vuelto francamente insoportable. Como tal, el término fue acuñado en Noruega por un psicólogo llamado Dan Olweus, que durante la década de los 70 empezó el primer estudio sobre el acoso escolar. Su investigación empezó a causa de tres jóvenes suicidas que se quitaron la vida después de ser acosados; su misión era loable, entender cómo y por qué un ser humano es capaz de quitarse la vida ante la presión social y la incapacidad de adaptarse es algo que, supongo yo, podría interesar a cualquier psicólogo, sin embargo lo que se ha desatado a raíz de esto es más terrible que el problema mismo.

Entre las cifras que más vomitan los caballeros de brillantes armaduras en su cruzada contra el bullying, está el que según la American Psychological Association, entre un 40 y un 80% de los niños que asisten a la escuela han sido acosados, o bien el que un 60% de los bullies posee antecedentes criminales antes de llegar a los 24 años de edad; estas cifras suenan bastante serias, ¿pero qué nos dicen sobre los extremos a los que han llegado las escuelas con tal de evitar el bullying?

Por ejemplo, en Australia, hace un par de años, las primarias comenzaron a adoptar una política de cero contacto físico entre niños, para evitar peleas y acoso, pero el asunto se volvió tan extremo que en lugares como la primaria Mornington Peninsula (Combined-Parent-Handbook-2018), los alumnos no sólo tenían prohibido abrazarse, hacer un high five era razón suficiente para una suspensión. Y eso es el asunto de fondo del bullying, es otra forma más de “sanitarizar” las relaciones humanas. ¿Recuerdan esa escena de Demolition Man donde tienen sexo a través de cascos de realidad virtual, o se saludan sin tocar sus manos?

Ahora, más que nunca, nos aterra la otredad, y por lo tanto que no comprendemos, nos aterra tanto, es una inminente amenaza que debe ser detenida antes de que rebase las barreras de nuestro espacio personal. Claro, no estoy diciendo que todos deberíamos ir a un cuarto obscuro y perdernos el miedo y el asco en toqueteos anónimos.

Alrededor del mundo, las escuelas comienzan a prohibir actividades físicas donde los niños tengan contacto unos con otros, incluso Disney a través de Marvel anunció algunas variantes en portadas de sus cómics con temática de apoyo al “Mes contra el Bullying” (octubre). Habrá quienes digan que están medidas son buenas y necesarias, pues recuerdan aquello que sufrieron durante años, los años de miseria, soledad y sufrimiento silencioso; pero recordando esa frase trillada al máximo de Nietzsche “Aus der Kriegsschule des Lebens. – Was mich nicht umbringt, macht mich stärker.”, y es que el hecho de prohibir ciertas conductas, tan naturales como el contacto físico, lo único que hace es aislarnos aún más. Ya vivimos en un mundo donde a duras penas podemos comunicarnos con otro ser humano por más de cinco minutos sin voltear a ver nuestros celulares. Tristemente nuestra realidad es cada vez más mediatizada, ya no salimos a dar un paseo por el parque sin tomarnos una selfie, no vamos a cenar con los amigos sin hacer check in, ya no platicamos con alguien si no es por mensajitos en alguna red social. Día a día nuestras relaciones son más artificiales y superficiales y en el fondo eso es porque nos cagamos tanto de miedo de lo que pueda ser el otro, que ponemos toda una serie de reglas para dejarlo existir, y que se vuelva virtualmente imposible que otros existan en nuestro espacio.

Recuerdo de nuevo los años de escuela, la secundaria (desde la adolescencia he estado en contra de la violencia física), había un grupo de lo que ahora llamarían bullies encima de un mozalbetillo, pero después de aguantar un rato las idioteces de estos, alguien le colmó el plato y lo empujó de regreso; aún recuerdo que estábamos en uno de esos recesos de 10 minutos, cuando el sonido de su cuerpo azotando contra la puerta de metal y las ventanas creó un instante de silencio en el pasillo, y después de eso su vida cambió, no porque ellos dejaran de molestarlo, sino porque decidió que jamás iba a volverse a tragar la mierda de alguien más. Lo digo con orgullo, desde aquella vez aprendí una valiosa lección de vida, a veces lo único que se necesita para arreglar las cosas es tener los huevos bien plantados para demostrarles a los demás que también existes y que sabes alzar los puños cuando es necesario.

Para como veo las cosas, ese es el meollo con este tema del bullying, que el hecho de tomar todas las precauciones necesarias para que un niño jamás sea acosado, le priva también de la posibilidad de encontrarse a sí mismo, le crea una falsa expectativa del mundo, donde nadie puede decir lo que piensa o siente para no herir los sentimientos del otro, donde hay una forma correcta de comportarse, donde el ser distinto es un error que debe ser corregido. Bullear o ser bulleado es parte de un rito iniciático en la sociedad, es un crisol donde el temperamento se forja, es un microcosmos donde aprendes que el lugar que ocupas en la vida lo decides tú.

Puedo escuchar a alguien decir en el mismo tono de la esposa del reverendo Alegría de los Simpsons, “¡Pero piensa en los niños!”, lo mejor de todo esto es que en realidad lo hago. ¿Se han preguntado por qué si desde los 70 se comenzó a estudiar este fenómeno, es hasta ahora que el bullying se ha convertido en un tema tan polémico? Por el cambio de costumbres, de alguna manera, la estructura familiar que era la norma hasta la década de los 80 y principios de los 90 era un modelo tradicional de familia, sí ese que las películas hollywoodenses nos vende con los churros sandlerescos, una familia donde había momentos clave padre-hijo y madre-hija que de alguna manera pasaban la antorcha sobre lo que significaba ser adulto. Hoy por hoy la mayoría de las familias prefieren pasar el rato cada uno metido en sus propias actividades, en la TV, videojuegos, celular o cualquier otro aparato que les permita olvidar que existe vida más allá de una pantalla.

Lo que quiero decir es que en vez de espantarnos por la innata crueldad de los niños con los niños, deberíamos de estar viendo qué demonios pasa en nuestras casas, porque los niños no son víctimas del bullying, los niños deciden seguir con un patrón de conducta que los hace miserables, y eso es algo aún más triste y preocupante de lo que cualquier cifra puede expresar.

Deberíamos de estar viendo qué demonios pasa en nuestras casas, porque los niños no son víctimas del bullying.

¿Cómo? Imaginemos a un niño, lo llamaremos Pepito para seguir con el folklore mexicano, pero a diferencia de aquel de los cuentos, nuestro Pepito no es ingenioso, alburero o precoz, nuestro Pepito es un perdedor. Nadie en su escuela lo quiere, no tiene amigos, hay un grupo de niños que le quita su comida, que lo golpea, que lo insulta, que suben fotos y videos de él siendo humillado. ¿De dónde vienen los problemas de nuestro Pepito? La escuela y el grupo de bullies no es el problema, por más que estemos tentados a decir eso, eso sólo es un síntoma, los problemas vienen de casa, quizá de un padre o madre, o ambos, que están atrapados en un trabajo que detestan, donde trabajan más horas de lo que sus cuerpos resisten, en donde aguantan toda clase de exigencias y abusos con tal de no ser despedidos, que viven una vida que definitivamente no desean y en donde sólo se sienten libres o descansados al sentarse a ver TV, jugar, o detrás de la pantalla del celular. No se trata de un análisis moralino sobre la importancia de la familia, sino de que el nivel de apatía que tenemos por la vida en estos días nos impide ver algo tan sencillo como que preferimos privar a los niños de una experiencia tan importante como el contacto o la convivencia, que darnos cuenta de cómo estamos viviendo, de aceptar que estamos involucionando, que estamos limitando la cantidad de estímulos que recibe nuestro cerebro par evitar cualquier cosa que pueda estresarlo o alterarlo.

Pues les tengo noticias, biológicamente nuestro cerebro se desarrolló para alterarse, nuestro cuerpo fue diseñado para reaccionar ante los estímulos, ¿creen que es coincidencia que la mayoría de los ritos de madurez en tribus tenían que ver con pruebas físicas y resistencia ante el dolor? Somos una sociedad tan autocomplaciente y sedada, que la mayor blasfemia que podemos crear es algo que saque del letargo a los demás, poco a poco nos acercamos a ese mundo tipo
donde el ser humano sea un producto de granja para las máquinas, en donde estemos plácidamente dormidos, en perfecto control de la realidad, donde no existe el dolor ni la otredad, donde el universo gire a nuestro alrededor con las leyes que nos convengan.

Llámenme anticuado, pero prefiero vivir en un mundo donde después de una escena estilo The Fight Club puedes entender mejor al sujeto que está a lado tuyo, donde dejamos de creernos copos de nieve únicos e irrepetibles, donde tenemos que demostrar nuestra existencia a cualquier costo. ¡Que viva el bullying!, pues sin él no podríamos saber quiénes somos o qué estamos dispuestos a hacer para defender las cosas en las que creemos.

 

Mad

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Son casi las tres de la mañana y sigo con insomnio, me he fumado tres toques y aún así sigo sin poder dormir, ya no sé qué más puedo hacer. Mi mente está acelerada y gira con todo lo que cruza frente al monitor, entre artículos que hablan sobre lo dañino que es navegar por internet, idioteces, páginas culturales pésimas pero que cuentan con capital para existir y tener un alcance aceptable.

Lo irónico de todo esto es que, al final ya nada me estremece, todo se vuelve aburrido, monótono e innecesario para seguir despierto; ni siquiera una caminata nocturna ayuda a tener sueño, mi cuerpo está cansado y no responde, mi mente gana y me mantiene despierto durante la noche de la última megaluna, y ¿qué tiene de maravillosa? 

Todas las noches en las que sufro de insomnio terminan en esa canción. Espero que nunca acabe en un mundo así.

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