[Conozcan la punta de lanza del juego y no se dejen ir para atrás hacia la empalada diversión que provoca ensartar a su víctima con una lengua vivas e imaginativamente veloz…]

Más callado es cómo deben quedar en cuanto al albur se trata, ya que cabe la posibilidad de que la boca se les llene de la razón de tu compañero de juego. Empecemos por conocer un poco sobre esto llamado albur que es un estira y afloja entre dos personas que gustan de la palabra metida a los sabores del doble y triple proyección.

Ahora todos se preguntaran de dónde viene aquél juego, algunos dirán que se gestó en México en los años 30 y 40 cuando estaba en auge las carpas y teatros de revistas, otros que en la época colonial entre los indígenas para poder hablar entre ellos y alguien más dirá que en aquellos momentos del [Decamerón]; pero el albur es algo que siempre se ha tenido en la lengua, es el sabor que tenemos al comunicarnos, los dimes y diretes, esas entradas por salidas, y siempre lo encontraremos, no importa lo que leamos u oigamos, siempre está presente.

Retomando el hilo grueso de nuestro tema central y extendiendo la mano para el texto, tomemos algunos puntos clave para un buen albur y así no seas cansado en el diálogo y te inviten a sentar:

  • Iniciaremos con una regla básica, todo es utilizado, siempre y cuando sepan meterlo, porque sino será utilizado en su contra.
  • Nunca te dejes llevar, siempre ten la batuta en mano para guiar, si llegan a perder; no muerdan por favor.
  • Usen el ingenio, y toda referencia visual que tengas, si quieren hasta silben (hacia dentro), para que el juego siga hacia delante, y no <pa´tras.>
  • Nunca tanteen el terreno, siempre con paso firme.

Siguiendo estos puntos en clave, podrán dar golpes sendos con el martillo verbal que todos tenemos listo para trabajar y hacer gozar. Cabe pues, recordar que en el juego es bien visto en las tablas, pero bajo ellas todo aquél que sabe usar, es un ñero de poca monta (aunque algunos te dirán que no es de poca monta, sino de monta ancha), pues es diferente verla desde abajo, que tenerla a un costado; es como ver llover, a unos les gusta ver-gotitas y a otros ver-gototas; supongamos lo siguiente: se encuentran parados esperando el autobús (o en estos tiempos modernos de obras sería el metro bus), y a lado diestro suyo se encuentra un pelón de metro y medio, y que al preguntarte la hora les habla al chile y sin rodeos ¿Cómo podrían responder aquella situación? Sencillo, dándole la hora exacta para que no tenga problema.

Agarrando de nuevo el tema de dónde se origina, se cree que es allá por las tierras de hidalgo, dentro de sus hoyos donde se trabajaba (trabaja todavía) en condiciones de poca luz mucho sudor y estar entrando y saliendo con minerales a mano llena; ya que cuenta la historia que entre los mineros se encontraban ingleses y para que no pudieran entenderlos los buenos mexicanos se la dejaban caer en sus espaldas todos aquellos diálogos donde entraba el doble (y la doblada) sentido; y de ahí es que cada año se monta y levantan las tablas para el Concurso Nacional de Albures organizado por la Fundación Arturo Herrera Cabañas con sede en Pachuca (la ciudad con más Hidalgo que hidalguía).

No es de sorprender que uno de los jurados es aquél personaje cómico pulquero y alburero el mismo Señor Sergio Corona; aquí es donde se podrán saborear los más exquisitos albures que el hombre puede sacar de su lenga para penetrar los oídos de su interlocutor e inversamente proporcional a las risas y aplausos otorgados por el público (siempre y cuando le agarren al juego, ya que si pierden hay que sacarlos en cuatro por cinco). En el concurso las reglas son simples, no insultarse ni usas palabras soeces, si no respondes o repites algún albur en menos de cinco segundos pierdes y pasas a saber cuantas venas tiene el chile.

En estos juegos lo que vale es la agilidad con que uno maneja el lenguaje, saber apuntar y disparar sin dañar de más para que aguante hasta el final con la boca abierta junto a unos sabores mezclados como de agua horchatosa revolcada con un buen licuado de chocolate batido en sus respectivos huevos y un plátano macho para que tenga consistencia sin olvidar siempre ser ingenioso como el hidalgo de la mancha y su fiel escudero que lo protege.

Ya para ir acabando, sólo queda echarles algunos nombres de los exponentes que mayores risas han sacado de la gente sentada que los observa han sido: Héctor Suárez, Polo Ortin, Cesar Bono, Alfonso Zayas, Rafael Inclán, Polo Polo, el Flaco Ibáñez. En la época de oro del cine nacional se encontraron Medel, Cantinflas y Tin Tán como los encargados de llevar el arte máximo del uso de la lengua a las masas.

Todos estos personajes son de aquellas películas donde se retrataba el México Mágico y Universal mundo de la arrabalería, que es donde se encuentra todo el sabor del albur, y donde todos ellos se han ganado un lugar por sus magníficos diálogos alburescos en la pantalla chica, temida por todo aquél que se le pone de frente para observar sus imágenes sacadas del Mil usos, La picardía mexicana, sin olvidar Los Caifanes y siempre en el recuerdo ñeril La pulquería.

Columna:

[De uso cotidiano:]

Para cerrar el broche aquí les dejo algunos albures ya conocidos o de mayor recurrencia para agasajarse un rato:

“Saco, revoloteo y ataco”.

“Embodego y empetaco…”.

“Enmaleto y empaco…”.

“Acayucan, San Andrés y Coatzacoalcos”.

“Somos dos…”.

“¡Vámonos!”.

“Vengase a recorrer el camino venidero por otros pies cansados del andar…”.

“Sacudo para no barrer”.

“¡Entre más! Que afuera le da frío al chico”.

“Tomando la delantera, sacas la leche para dormir”.

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