Al mundo moderno se le ha denominado la Era de Fausto, y ciertamente esta época de ciencia y progreso no ha tenido mito tan acertado ni tan inquietante como el del mago-científico de Wittemberg.

Alvin Keran.

Durante la obra de la trágica historia de la vida y muerte del doctor Fausto, podemos observar como se va desglosando el comportamiento de un alma condenada a sufrir después de su muerte, ya que, pertenecerá a un ser superior.

También esta la sed de sabiduría y conocimiento, que, todo ser humano desea (o por lo menos todo estudioso de cualquier ramo), tal es así esta sed que buscamos por cualquier lado hasta quedar satisfechos, algo que nunca logramos ya que queremos saber más que Dios. Esto es demostrado cuando Fausto le pregunta a Mefistófeles sobre las esferas y quien creo el mundo, sólo le contesta lo de las esferas ya que la otra pregunta es en contra del reino donde habita y sirve Mefistófeles, a lo que Fausto se molesta ya que él le había dicho en el pacto que tenía que contestar toda pregunta que le hiciera.

Podemos observar que Fausto es un ser humano triste, ya que por más conocimiento que tenga se encuentra solo, y eso es algo que él no desea, tanto es así que le ordena a Mefistófeles una esposa, para pasar sus últimos años con alguien a su lado.

Hizo lo de la compra-venta de su alma con Mefistófeles y su amo Lucifer porque supuestamente ninguna ciencia que pudiera estudiar en este mundo le daría el conocimiento que el deseaba. La lógica no sirve sino para discutir bien, la medicina no da la inmortalidad ni la resurrección de los muertos, el derecho es demasiado servil y, en cuanto a la teología, la Biblia enseña que somos pecadores y que el castigo del pecado es la muerte. Por eso opta por la nigromancia, ya que esta, puede resolver todas sus dudas (eso es lo que él creía).

Desde que invoca a Mefistófeles se encuentra conciente de que su vida puede optar por dos caminos, el de la vida de sufrimiento después de la muerte o el de la que llevará cualquier humano que siga las reglas de Dios. ¿Pero acaso el alma vale tanto? Claro que sí, ya que esta aumenta la población del lugar donde llega y en la batalla que se ha llevado acabo entre cielo e infierno, es conveniente tener almas para defender y atacar.

Ahora bien, Fausto durante toda la obra puede salvarse, y no sólo salvarse sino que también despreciar el pacto con el infierno, primero al iniciar a escribir el pacto su sangre se coagula, después hay un dialogo donde se muestra todo esto a la perfección:

Consummatum est! Terminado está el documento

y Fausto ha legado su alma a Lucifer.

Mas ¿qué son estas letras en mi brazo?

Homo fuge! ¿A dónde podría huir?

Si hacia Dios, Dios me precipitaría al infierno.

Mis sentidos está confusos: aquí no hay nada escrito.

¡Ah, sí! Ahora lo veo bien. Aquí pone

Homo fuge! Pues no será Fausto quien huya.[1]

Como podemos leer en este fragmento, él pudo desligarse, pero demuestra ser un hombre con arethé.

Para esta redención del alma aparecen dos ángeles que muestran ser la conciencia de Fausto, uno bueno y uno malo (siempre seremos así por naturaleza, no podemos ser sólo uno), durante sus apariciones ellos son quienes llevan a cabo la pelea moral del Dr. para así poder nivelar su alma, aunque su camino ya esta diseccionado hacia la perdición, aún, con el arrepentimiento que intentara al final Fausto.

El comportamiento que toma después de la venta de su alma es la arrogancia (que muchas veces el ser humano toma al tener mayor conocimiento que otro), tal es así que lo demuestra en las cortes que visita, pero, dándole una especie de falsa modestia ante sus espectadores, y cuando uno se daba cuenta de que eso sólo era una farsa él lo castigaba como paso con Benvolio, al que le puso una cornamenta por haber hecho mofa de Fausto y referirse al relato mitológico de Acteón.

Todo acto que realiza es bajo conciencia de efectos, ya que nunca como seres humanos podemos dejar de actuar así, él sabe que esta vendiendo su alma al enemigo de quien supuestamente es Él dador de vida, pero, él tampoco cree en el sufrimiento después de la muerte, él sólo cree en el conocimiento que el hombre puede adquirir, ya que eso es lo único que mantiene al hombre, el conocimiento adquirido a través del estudio.

Otro de los actos que quieren ponerle es de estafador, pero eso es falso, ya que todo trato que hizo fue aceptado y nunca engaño, siempre les dijo las cosas como iban a ser, tal es el caso del comprador del caballo, Fausto le dice que no lo vende, pero que si aumenta la cifra si lo haría, pero la única condición que le pone es la de no meterlo al agua, no le dice que pasaría si lo hace, pero es una advertencia del antiguo dueño hacia el nuevo dueño, que el nuevo dueño por curiosidad, y deseo de saber que podría pasar con el caballo (cree que pasará algo magnánimo con este), lo único que pasa es que se convierte en paja, un castigo para aquél que no siguió las indicaciones dadas. Eso no es un fraude.

Ahora bien, Fausto podría ser un personaje edípico, ya que conoce su futuro y aún así toma decisiones poniendo el libre albedrío al frente de estas, pero también quiere evitarla, ya que durante la pela moral que sufre su conciencia el empieza a ver la perdición, pero, mantiene su arethé y continua sus decisiones como anteriormente lo había hecho.

Fausto es un artista dionisiaco, ya que expresa el hedonismo del ser humano, vive sus últimos veinticuatro años como un ser hedonista y que crea arte para los demás seres.

El anciano que aparece al final del acto diciéndole que todavía puede arrepentirse es la voz humana y creyente en Dios misericordioso, y busca la redención de Fausto, para así salvar su alma, Fausto duda, aunque sabe que no importa si se arrepiente, el no se salvara:

Execrable Fausto, ¿dónde está ahora la clemencia?

Sí me arrepiento. Y aún así desespero.

Infierno y gracia forcejean en mi pecho por el triunfo.

¿Qué he de hacer para eludir los lazos de la muerte?[2]

Claro esta que él se encuentra solo, todo ser humano superior siempre estará solo, por lo tanto, Fausto es un ser miserable, pero conciente de esto. Tan es así que al final sólo quiere encontrarse con Helena de Troya y poder darle un último beso:

¿Es éste el rostro que dio impulso a mil navíos y puso fuego a las altas torres de Troya?

¡Dulce Elena, dame en un beso la inmortalidad!

(La besa.)

Mi alma se apega a tus labios y escapa de mí.

Ven, Elena, ven; devuélvemela.

Aquí he de quedarme, que el cielo son tus labios y todo es polvo si no es Elena.

(Entra el ANCIANO.)

Yo seré Paris y por tu amor Wittemberg, que no Troya, quedará saqueada.

Y lucharé con el débil Menelao, y las plumas de mi cimera lucirán tus colores. Sí, yo heriré a Aquiles en el talón y luego buscare el beso de Elena.

¡Oh, eres más hermosa que la brisa vespertina engalanada con la belleza de mil estrellas; más agraciada que el monarca de los cielos entre los brazos azules de la voluble Arestusa: y nadie sino tú será mi amada![3]

Fausto es un ser admirable que demuestra que el hombre siempre tendrá que demostrar que sus actos son siempre hechos por su libre albedrío, y que nunca hay que dar la espalda a nuestros actos, sino, más bien estar al frente de ellos y cumplir con nuestra palabra, ya que es lo único que al final siempre tendremos, a nosotros y nuestro arethé.

[1] La trágica historia de la vida y muerte del doctor Fausto Cátedra, Madrid Pág. 78

[2] La trágica historia de la vida y muerte del doctor Fausto Cátedra, Madrid Pág. 164.

[3]La trágica historia de la vida y muerte del doctor Fausto Cátedra, Madrid Pág. 166.

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