Para la obra de Sor Juana, en especial la amorosa, no se puede dar mayor cosa que la idea de experiencia real; aunque sólo son una curiosidad entre su obra. Claro está que podemos notar que esas pequeñas curiosidades pueden ser un indicio del romantisísmo, ya que, son amores tortuosos o no correspondidos o sencillamente amores reales del ser humano; con esto no quiere decir que ella sea la fundadora de la corriente, sino que más bien una exponente adelantada como se verá en los ejemplos que se citarán a lo largo del texto.

Todo ser humano ha sufrido de amor, no importa su estatus social; ya sea para bien o para mal alguno ha sido el sujeto amado, otro el amador que es correspondido o tan sólo es aquél que estará al pie del cañon para ser rechazado con la mayor experiencia de dolor, sucitando así a la muerte.

Pero claro, está la contra parte; donde se da una idea de realización no sólo del amor sino de la persona quien ama, dando una imagen de metamorfosis idealizada por llamarlo de alguna forma, pero al fin y al cabo puramente humana, donde se muestra que no sólo era la intelectualidad el leit motiv de estas obras. Cabe mencionar que Sor Juana era una mujer bella en su época (y en la actual, claro está), que no por ser consagrada a la vida religiosa dejó de sentir afecto, cariño y amor hacia las personas que la rodearon.

No por esto se debe de pensar que se enamoró y faltó a sus votos; sólo es recalcar que el amor puede ser real en la imaginación del escritor como en la praxis, todo humano ha logrado un amor tan real y perfecto durante sus fantasías así como la idealización del amor hacia una persona, como la real verdad encarnada en ése personaje que se encuentra a su lado, viviendo todo hombro con hombro sin dejar esa pasión por la vida y por el sujeto amado.

Por la metamorfosis podemos ver clara la idea del epigrama 96, donde el personaje debe sufir ése cambio para lograr su cometido.

CAPITÄN es ya Don Juan;

mas quisiera mi cuidado,

hallarle lo reformado

antes de lo Capitán

Porque cierto que me inquieta,

en acción tan atrevida,

ver que no sepa la brida

y se atreva a la jineta.

Este cambio, es un giro de 180° donde no sólo era el cambio sino que, también era poner ése orden a uno mismo para que todo lo consiguiente al cambio fuera resplandeciente y fructuoso.

Pero continuemos con la línea donde la mujer poeta y musa nos lleva, a esa parte donde todo es nostalgia, deseo, soledad, amargura y desolación. Todo aquello por lo que se puede nombrar su poesía amorosa viva y entrañada en el alma del ser humano que se siente capaz de soñar aquella altura dada por aquel Rapaz Arquero que ella tanto nombra; todo mortal desea postrarse, pero recordemos que e sla zona más peligrosa donde uno puede detenerse y no estar precavido de todo su alrededor.

Sí aquél lugar donde todos, incluso los Dioses se vuelven vulnerables; ése amor pasional, frenético, lleno de calor, pero a la vez hay que retenerla ya que este amormientras mayor sea su silencio, la pasión es penetrante y calcinante. Es todo aquello por lo que se debe de pasar para lograr la conquista de la punta de aquella pirámide donde se encuentra el amor.

Somos capaces de abandonar, pero, qué tan cierto son esos actos, sólo son habladurías para así poder defender la falta de coraje; para emprender aquél viaje por las entrañas de la vida fáustica, donde queremos todo pero a la vez no podemos nada.

Todo esto nos lleva al punto del deseo y de la abnegación, como aquél soneto amoroso donde nos transporta a la posición que todo lleva a la misma fugacidad del ser:

Yo no puedo tenerte ni dejarte,

ni sé por qué, al dejarte o al tenerte,

se encuentra un no sé qué para olvidarte.

Pues ni quieres dejarme ni enmendarte,

yo templaré mi corazón de suerte

que la mitad se incline a aborrecerte.

Si ello es fuerza queremos, haya modo,

que es morir el estar siempre reñido;

no se hable más en celo y en sospecha,

y quien da la mitad, no quiera el todo;

y cuando me la estás allá haciendo,

sabe que estoy haciendo la desecha.

Somos tan complejos e inexplicables, que toda aquella pasión no es posible explicarla en simples palabras, dando así, sólo un esbozo de todo sentimiento dándole una forma intelectual, para que así lleve un orden para la comprensión, aunque no se anecesario, ya qué, todo puede ser llevado por el ritmo y la fluidez de la idea visceral. Somos seres viscerales, explontando, llevando así la máxima expresión en el lenguaje.

Pero siempre se busca esa cordura ante todo el dolor y pasión, cuando la realidad es que hay que dejar fluir esa locura que pervierte, inspira y hace más poderoso a uno, sin importar otra cosa que no sea el amor puro hacia una persona excelsa.

Toda esta poesía dada por Sor Juana es dedicada a la ausencia, aderezada regularmente con celos como lo muestra el soneto titulado: “Prosigue el mismo asunto, y determina que prevalezca la razón contra el gusto” Donde se da una persecución entre los seres amados, uno quiere al que le desprecia y desprecia al que le quiere, esto era, es y será la rueda intacta del tortuoso amor; llevando a la resolución de quedarse con lo que es seguro y no con lo que es lastimero contra uno.

Se le ha dado la lectura de soledad a toda esta poesía, cuando realmente es la línea que se ha marcado entre los amorosos, dando así una expresión sublime del amor, no aquel ideal petrarquista donde se da la imagen inalcanzable, aquí se demuestra que es todo un juego, puede ser alcanzada, destruir y ser sólo la ambigüedad de la razón, supuesta gobernante de todo acto humano.

No hay que ver la poesía amorosa de Sor Juana como la zona de aislamiento y pesadumbre, sino como otra parte de aquél camino hacia El Sueño, donde se muestra la soledad, pero a la vez la belleza y maravilla de todo aquello que nos rodea.

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