Los caminos llegan a ser largos en algunos momentos de nuestra vida, la mayor parte del tiempo estamos perdidos en el camino y sólo lo seguimos por la automatización que hemos recibido desde la infancia, pasando por todas las crisis existenciales que podamos imaginar; es como la representación del teatro, buscamos algo a qué aferrarnos, una idea, un estilo de vida, la pretensión que gozamos todo el tiempo; todo se resume en poder es lo que buscamos lo malo es que todos en algún punto nos perdemos.
Alguien recuerda sus momentos más felices ya sean solos o con toda la gente que los rodea; siempre he creído que mientras uno sonría puede con las cosas pero aquella sonrisa sólo es efímera y en tantas ocasiones falsa como el fin del mundo pronosticado para el próximo año. Como seres reales buscamos lo irreal, lo fantástico y si se puede lo visceral; es lo que más nos gusta porque dentro de aquél mundo está la perfección que deseamos el american way of life que tanto nos ha bombardeado y está ganando terreno como la infección del T virus; no podemos controlarlo él ya nos controla, ya no existen las sub culturas ahora todas son establecidas, tienen su lugar en el mundo contemporáneo absorbido por todo lo útil e inútil; ahora cualquiera puede ser alguien sólo necesita dejarse ver por toda la red, caemos en el mayor egocentrismo posible y estando allí algunos te lameran como el fruto caído del árbol del conocimiento, mientras que otros dirán que eres otra manzana pudriéndose alrededor del bello jardín mundial.
Queremos el reconocimiento, queremos ser aceptados, queremos ser los ganadores, los que siempre se encuentran ahogados en el elixir de la victoria y la superioridad sobre los demás. Ponemos en práctica el miedo como medio para justificar el fin deseado. Somos la carroña y el carroñero, lograr el mainstream, el sueño dorado de todos; pero nadie sabe que hacer allí, todos se vuelven a perder así como lo hicieron antes de llegar y encontrar su medio; todos quieren ser el Mesías y nadie el profeta que busca el conocimiento y el nombre en los anales, aquél que reconoce lo que viene, el que será y el que al final perecerá. Todos buscamos al Mesías mientras todos esperamos ser él y ahí es donde podemos encontrar la perdición del alma y al cuerpo sólo lo desgastamos porque al final es carne y siempre se pudrirá, alguna antes de lo que uno imagina otra dura tanto que da dos opciones y nunca podemos definirnos, por qué tenemos que respetar u odiar, acaso no podemos sólo crear y seguir en el camino hacia el mesianismo.
Todo lo que acaban de leer por favor olvídenlo. Era un intento de pertenecer al mainstream pero perdí y olvidé el camino para lograrlo, no es ni diciendo las cosas como son ni manipulando los medios, sólo debes ser diferente, buscar tu ser diferente a la sociedad pero que se amalgame perfecto con todos ellos y al unísono coro de “soy diferente” es ahí cuando ya eres mainstream y puedes criticarlo con la anchura que tu ego permita. Porque claro está que en la cotidianidad egocentrista del mundo artístico (sin incluir el cultural) la voz del apartado dentro de la singularidad del círculo autonombrado diferente y siendo la máxima escena de la creación digital que ahora nos tiene sumergidos en el océano de los bits y pixeles sólo él tiene la palabra para criticar lo nuevo y avantgarde que aparece en el mainstream de los que no buscan la fama sino que lo hacen por el amor al “arte” que tanto cuidan y generan como la pose interminable del gran artista/crítico/curador que uno puede crearse en esta nueva sub cultura llamada globalización.

Luis R. González Covarrubias.

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