En la última visita a la manzana que se encuentra protegida por el Hudson tuve la maravillosa oportunidad de recorrer algunos puntos interesantes para turistas, pues al final de cuentas sin importar dónde estemos, nos encanta viajar y conocer todos los lugares posibles.

Sé que tuve una desviación y prometo que no volverá a pasar a menos que las calles y festividades sean impulsoras de aquel desacato en el texto.

Hablamos de la ciudad que cautiva, hipnotiza y te hace desearla; es un lugar mágico donde todo cruza pero al igual que transcurre se mantiene estático, lleno de luces que dan la idea de que nunca atardece y que no necesitamos dormir. Caminar por sus calles es tan placentero que casi olvidamos que venimos en un vehículo aquí, eventualmente necesitamos del subway o algún cab (impresionantes porque Hollywood no nos ha mentido, se paran al primer alzamiento de brazo). Ya con transporte empieza la travesía por las cuadras numeradas que nos guían a nuestro destino ya sea algún pub para cenar cerca de Times Square o un bar de tapas subterráneo (me gusta esta idea del bar subterráneo aunque la realidad sea que se encuentre en el piso inferior de algún edificio en la 10 y la A), donde convergen personas de todas las nacionalidades para festejar el año nuevo en medio de la algarabía que produce la vida.

Viajar sobre la Gran Manzana tiene muchas posibilidades: por medio de un helicóptero, ver la Zona Cero y recordar cómo eran las torres, ver la ciudad dese el mirador… Además también se puede observar Ellis y saber que bajo uno se encuentra el río y frente a uno la majestuosidad de la estatua vigilante de las libertades en el puerto por excelencia de la migración.

Poder tener a la vista todo el esplendor de los rascacielos que rodean el pulmón de la selva en movimiento; aterrizar después de 20 min. de sobrevolar la manzana y adentrarse al corazón del mundo, palpitando hacia todo el mundo y recibiendo a todos por igual, bombeando arte al mundo, ahí donde las grandes historias son representadas dentro de la realidad y que todos deseamos nuestro momento en Nueva York. Tener museos impresionantes por su diseño como su exposición, magníficos teatros con las obras con mayor fuerza en el mundo teatral.

Mientras uno descubre los pasillos del MET y aquellas piezas impresionantes recolectadas a través del mundo; tener la historia y el conocimiento de lo que como seres humanos hemos logrado y que no sólo podemos ver eso dentro de aquella construcción tan impresionante cómo el lugar donde se encuentra; aquella escalinata que te deja entrar a la memoria colectiva para que adquiramos el poder necesario de seguir hacia el progreso y tener la individualidad de ser el que guía esos cambios.

Luis R. González Covarrubias.

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