He de confesar que una etapa de mi infancia fui un asiduo lector de comics y realmente no fue por el placer de la fantasía o aquella parafernalia alrededor de los mismos; fue por un acto irónico de la vida. De esos actos que uno no espera pero agradece.
Cursaba el último año de la primaria y para que la variante no existiera, era uno más de aquella generación (350 aprox.) que le hacia la vida imposible a uno que otro de la misma; era de nuevo mi profesor aquel que tuve en segundo, uno de los mejores pero también un hijo de puta que no se tentaba el corazón al momento de castigar, todos sufrimos por la puntería milimétrica con la que atacaba a los pupilos; en aquel salón había una mezcla interesante de alumnos y ahí es donde inician los hechos que me llevaron a la lectura de las novelas gráficas.
Mi compañero de banca era el tipo más ñoño de la generación, siempre trataba de quedar bien con el maestro en turno y además sí era inteligente (no como el típico ñoño que aprende el truco), pero, había choque entre nosotros; la verdad un año antes nos tocó el mismo salón y nunca pudimos soportar el trato ni el saludo, ahora por desgracia nos tocaba el mismo salón, la misma banca y el mismo sufrimiento de tener un compañero a la izquierda si te tocaba sentarte del lado derecho de la misma. Resultó ser zurdo igual que yo y por primera vez creo que sentimos un alivio por no tener que pelear por el espacio al escribir. Pasaron algunas semanas y sufrí un accidente donde me disloqué el codo izquierdo por lo tanto, mientras trajera el yeso no podría escribir; seamos honestos un niño de 11 años sin poder escribir en un salón es técnicamente imposible de entretener y la peor desgracia para el mejor alumno de la generación si es su compañero en el salón.
Fui un dolor de culo para aquella persona varios días, entre las bromas, el ocio y los robotcitos de goma con los que jugaba para matar el tiempo. Hasta la fecha tengo la duda si fue algo que se le ocurrió en el momento o lo planeó para que dejara de joder pero un día me pasó un comic para que lo dejara en paz; leí ese, le pregunté si tenía más y fue la persona que me enseñó los universos Marvel, D.C. Black Horse y otros tantos. Gracias a eso mis seis semanas no fueron aburridas durante ocho horas al día mientras el profesor trataba de enseñar a mis 49 compañeros (aunque creo eran 50 ó 51 además de mi).
Por su puesto mi compañero no se fue en saldo blanco, durante el tiempo que pasó junto a mi, aprendió a ser cábula y tuvimos al mejor dommie en la banca delante de nosotros; al niño que menstruaba y usaba corpiño, el que recibía toda la burla del salón y gracias a él fuimos armoniosos en la cábula y ataques en las guerras del salón.
Mucha gente dice que en las escuelas no se aprende o que la enseñanza es selectiva, no lo dudo; aunque nosotros comprobamos que escogemos lo que queremos y lo adaptamos a nuestro entorno. Mi compañero de banca es un desmadre de gran tamaño y también un genio que está estudiando una ingeniería que la verdad no recuerdo en este momento (Carva si lees esto corrige lo que escribí que estudias), por mi parte, terminé creando una revista y cuantos proyectos aparezcan en mi cabeza o mail; eso sí, cada vez que se puede nos encontramos para seguir la fiesta que empezamos en aquellos salones llenos de niños desmadrozos.

Luis R. González Covarrubias.

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