Últimamente me he encontrado con gente que busca apoyarse en cualquier cosa que le vendan para sentirse parte de un algo; está perfecto, todos necesitamos creer que algo es superior y predicar que su ‘santa’ palabra es lo mejor que tenemos. Sólo tengo una cuestión en todo este enredadero de ideologías, sé que existe una forma de contestarlo pero no quiero caer ahí, tampoco deseo ser parte del engranaje de una sociedad que premia la ignorancia, el condicionamiento para buscar el trabajo ideal dentro de una oficina; tener mis tres paredes de metro y veinte centímetros, vecinos molestos y que además entre ellos se digan Godinez como insulto.

He buscado como todos, he encontrado como yo. Quiero crear mi trabajo perfecto, donde no tenga que soportar las imbecilidades de la gente que me rodea, pido mucho pero creo que voy por el camino sin importar lo que ha dicho la gente que me rodea. Recuerdo que hace un tiempo tuve la oportunidad de discutir con alguien que me dijo que debía conseguir un trabajo donde tuviera prestaciones, horario, seguro y todo lo que la ley es capaz de ofrecer al buen asalariado de esta época; tuve ganas de contestar y demostrar que no todos deben ser así; desde esa trinchera no se puede combatir, sólo se observa como va acabando con uno y llegando a los 40 años de trabajo sólo habrá un ¡Gracias por haber participado! No respondí porque sabía que caería en una discusión bizantina y la verdad no estaba de humor. El trabajo es el trabajo, no lo podemos dudar; existen trabajos rudos como ser obrero en una construcción, algunos nefastos como burócrata pero siempre “buscamos la chuleta”.

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¿Por qué debemos sufrir en un trabajo sin futuro? Soportar gente que se autoalaba diciéndote que él ha sido uno de los mejores en su campo pero que después de un tiempo se dio cuenta que no quería eso, dejó que su trabajo se cayera, y que ahora prefiere vender libros desde un departamento de interés social en Iztapalapa (sin menospreciar al barrio), el problema es que contrata a gente para escribirlos y no paga lo que acuerda, pone horarios irrisibles además de jactarse como un gran escritor y que el libro que harás durante el tiempo que laborarás él puede hacerlo en la mitad de tiempo, pero que no puede porque sería molesto para su ego que ha sido elevado por sus propias palabras cuando se engalana diciendo que es más leído que cualquier autor que se me ocurra en el momento (debo confesar, el primero que pensé fue Miller), él enumeró su lista, en la que incluía a Cohelo, Cuahutemoc Sanchez y toda esa especie de auto-ayuda; quise sostener la risa después de oír su lista, lo logré, ahora venía la parte donde me explicaba el trabajo; era escribir un libro sobre Juárez y su liderazgo (auto-ayuda histórica quiero llamarle) basado en los fundamentos y vida masónica que llevó. Aberración total de tema, pero chamba es chamba, accedí, lo hice, no hubo retribución económica por lo tanto no entregué el libro que pedía; pero estando ahí sí entregué un libro.

El libro que dejé en aquellos lugares fue mi aleph y se lo dí a la única persona que conocí en aquel lugar alejado de la mano de dios (ya sé que se lee exagerado, pero quería escribir eso desde hace tiempo) que sabe lo que tiene en su cabeza y no es influenciable por su padre el masón; es capaz de burlarse de las “grandes tradiciones” que alberga la hermandad reduciéndolas al comentario de: “que ridículo te ves con tu mandil, deberías aprovechar para limpiar la cocina”. Espero que esté disfrutando el libro tanto como lo hice mientras lo tuve.

Luis R. González Covarrubias.

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