He visto a las peores mentes de mi generación encaminadas al éxito gracias a los medios, la mercadotecnia y la publicidad. Aquellas en las que ni su madre confía para comprar lo necesario en un mercado, aquellas que no conocen su entorno y todo lo ven desde una burbuja rosa que sólo se ve difusa; no entiende lo que es el dolor porque no lo conoce, su vida ha sido escrita desde antes de nacer, los escritores de los medios no saben inventar historias, sólo conocen los refritos; la gente ya está harta de ellos quiere historias nuevas, abrir sus horizontes y buscar nuevos galanes para ver en la tele.

Algunos quieren el modelo hipster, otros la imagen del proletario, unos pocos se dejan hipnotizar por las nuevas tendencias infantiles y creen en la muñeca estilizada (que sigue siendo un monstruo), ya no cree ni quiere al galán guapo y bronceado, siempre los ha dejado con malas historias de amor y desamor. Todos quieren ser el personaje principal y quedarse con la indomable mujer que al final se da cuenta que debe ser toda una dama (aunque tras las puertas cerradas sea la más puta de Babilonia). Siempre deben salvarla, porque está jodida, mugrosa y harapienta; tiene una sonrisa de encanto que a todos hipnotiza y a unos cuantos los encabrona hasta querer matarla.

Pero su barrio siempre es noble y la cuida aunque tenga que verse como chusma alborotadora en las opulentas casas de las Lomas, Polanco y Pedregal (más cliché por favor), mujeres de vecindades ataviadeas en sus mandiles y con cacerola en mano quieren pegarle a la burguesía, pero, tienen miedo que el azul se las lleve. Les encantan los gritos y hacer mitote para ‘avergonzar’ a los pudientes que desde sus ventanas tienen miedo de salir para ver que fuera de sus portones blindados existe una mayoría que corretea la chuleta todos los días y la mayoría de estos no la alcanza. Pobre de los Lazarillos de Tenoch que en la iglesia y señores buscaron refugio y lo único que encontraron fueron fachada y porrazos.

Todos quieren cruzar a la par y ser un nuevo héroe en el guión, todos quieren igualdad y equidad, todos quieren una gran fiesta al ganar y nadie quiere pagar por ella.

Se idolatra a las personas pero no a las ideas, se idolatra la ganancia pero no el trabajo y los pocos que sí lo hacen se les llama idiotas. Quiero un mundo de ciegos por epidemia; no importa la condición del humano, mientras viva en la avaricia será criticado e idolatrado. Queremos la autosuperación en tres simples pasos o si viene deshidratada que al contacto con una gota de refresco se haga mejor.

Ahora todos son cultos, intelectuales y saben de teorías económicas y políticas; cómo diría algún mastreo que tuveo (en realidad muchos de ellos) ¿Y la praxis? Quedó varada en las notas y glosas de todos los libros rojos o sólo es un vaivén de palabras al aire que consigna tras consigna pierde su significado. Espero que alguna vez este último párrafo tenga que reescribirlo y no dejarlo para la eternidad.

Luis R. González Covarrubias.

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