Debo admitirlo, los hombres llegamos a ser muy estúpidos cuando de mujeres se trata, ya sea en relaciones o por simple calentura. hace unas horas me encontraba en un after de la ciudad, hace mucho que no pisaba uno y acabé en el que es por excelencia para las trabajadores del baile exótico; con las personas que iba era todo un espectáculo verlos, aquel juego de te bailo y nos divertimos mientras el lugar cobra en exceso por unos cuantos tragos y uno como buen hombre, sólo piensa con una cabeza y no precisamente la del cráneo encefálico.

Ver a las teiboleras exprimir a los incautos calenturientos es entretenido, oficinistas al más puro estilo Godinez, uno que otro chacal malandroso que consiguió marmaja para pagar la salida (puede ser por un arduo trabajo en la fayuca o por actos ilícitos, la verdad no me interesa) de sus exóticas que le entran duro y tupido al bailongo personal mientras se observan al espejo como si continuaran en el trabajo. Son grandes depredadoras de tipos calientes y estúpidos que tienen la falsa idea que ellas les pertenecen porque pagaron su salida; ellas son un gran negocio y lo saben, han aprendido como conseguir todo lo que quieran por medio de un: “sí chiquito, soy tu mami y te voy a complacer; pero, me compras esto que tanto me encanta”; todos caen porque quieren demostrar que son el macho alpha o Juan Camaney pero, son los simples y llanos todas mías, no las presto.
Me recuerdan a una persona que conocí y era eso (espero ya no lo sea), decía ser todo un Don Juan aunque sólo era un perro más tras cualquier mujer que viera en el camino o la que se dejara. Más bien, era una mezcla de una mala versión de Zayas y del mismo Don Juan (estoy seguro que no conoce al personaje, por lo cual se lo dejo aquí al intento de Don Juan de Zayas).
Todo lo anterior no lo digo porque sea un puritano, lo hago bajo conocimiento de actos, todos hemos pasado por ahí y el problema es que no se aprenda a la primera. Una mujer que ha aprendido a conseguir lo que quiere por medio de su cuerpo y los placeres que promete dar ya no es de fiar, sólo le interesa su bienestar; no está mal que le importe, a todos nos importa estar bien, pero, cuando su modus operandi es así, ya no vale la pena. Podrá ser un gran coño y moverse como batidora o mamarla y succionarla mejor que una devoradora Hoover, y así sigue siendo un objeto porque ella ha decidido serlo y no porque la sociedad y marginación la ha estigmatizado de aquella forma.

Luis R. González Covarrubias.

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