Sólo por hoy; así es cómo despierto todos los días, sólo por hoy. Me siento un alcohólico anónimo cada vez que me veo en el espejo todas las mañanas cuando debo ir a trabajar; desganado pero con una ilusión en la vida.

Los fines de semana se han vuelto monótonos, la semana ni se diga y por mi ya no recorre el deseo godin de que sea viernes. Llego a mi lugar y me pongo los audífonos, no quiero saber de nadie y me pongo a trabajar. Estoy rodeado de personajes creados por la mente menos imaginativa que pueda existir.

Es lunes por la mañana y no tengo computadora con qué trabajar. Quieren que todo sea rápido de este lado, pero no son capaces de exigirle a un autor, les tienen miedo; estúpidas estrellitas marineras que se ahogan en un charco.

Libros de educación es el negocio editorial en un país que no lee, pero todos deben cargar 8 libros diarios de más de 200 páginas cada uno, no importa que se lean o no, lo importante es hacer que toda la colección esté en todas las preparatorias posibles del país. Y para eso están todos los monos alados que trabajan en automático; editores que no leen, que no conocen el contenido de los libros que trabajan y sólo saben aventar la bolita del otro lado de la cancha; una preprensa que pasa más tiempo en Internet que un puberto en vacaciones; divas cómo autores que no cumplen fechas de entrega, pero que se molestan si las regalías no están en la cuenta correspondiente un día antes del depósito programado.

Un director cuenta centavos en pagos a proovedores y freelance que quiere trabajo de una calidad impecable y a bajo costo, sus tabuladores datan de mi época de secundaria. Quiero decirle que se metan sus mal logrados libros por su recto culo que nada puede perturbar, ¿sí me entiendes viejo?

Luis R. González Covarrubias

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