Podría decirles su nombre, pero, ella qué culpa tiene de mi idiotez; mi pasado me persigue y no sé lidiar con él. Veo a la gente a mi alrededor y la mayoría son quedados; en algún momento creí que acabaría así, pero ya no, recuerdo mi pasado y hay algo que me gusta, quisiera estar en él para siempre, un loop en lo que podría llamar la gran etapa de mi vida. ¿Qué me hace pensar eso? Que ahí no tenía que preocuparme por nada, sólo la fiesta, yo y todos los coños que pudiera tener, y ahora sólo pienso en uno, en el primero que se enamoró de mi y que dejé pasar por toda la diversión que he tenido. La encontré al azar y espero volverla a ver así; Mallarmé me enseñó que un golpe de dados jamás abolirá el azar, y ya fueron tirados.

Me encuentro atascado y he decidido convertirme en el ser que tanto odio, opte por encerrarme en una oficina, jugar la vida como todos quieren que sea jugada. Aprendo sus reglas, pero no he aprendido las mías, sigo ganándome y sólo me llevo a la perdición.

Les había dicho que no pondría su nombre, pero no veo el caso de ocultarlo, ha pasado el tiempo suficiente de duelo, nadie que la conozca leerá esto. Tengo la imagen vivida del momento que la vi por segunda vez y es ahí donde todo inició. Recuerdo el frío de otoño, nosotros saliendo de un bar en Coyoacán y ella pasando por ahí con sus amigas, aún no estaba ahogado faltaba más fiesta, ella se iba; intercambiamos números y al siguiente fin de semana ya estábamos de fiesta juntos por 8 meses. Me acompañó al funeral del abuelo que nunca conocí y por quién, la única lagrima que solté fue al verlo en su caja antes de pasarlo al velorio, mi madre y yo fuimos quienes decidimos que estaba presentable.

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