Cuando recorrí el AMD, busqué exposiciones que estuvieran al nivel del festival y no encontré ninguna. Entre la mala organización de los espacios, el cambio de lugares y las anexiones de último momento puedo decir que trataron de abarcar más de lo que podían abarcar.

Las exposiciones que logre ver fueron pretenciosas; un ejemplo de ello fue el florista japonés que intervino los macetones del hemiciclo a Juárez, igual que su laberinto de madera donde un caracol sería incapaz de perderse, pero, uno como visitante sí pudo perderse porque lo movieron de lugar, se suponía que estaría en el patio de la torre latinoamericana y lo movieron al museo de autonomía. Cruzar Madero hasta la plancha y de ahí buscar el callejón para encontrar el laberinto de mantel infantil. De ahí, caminar a cualquier otro lugar era una travesía.

Después de caminar las callejuelas del centro llegamos a un edificio recién remodelado que fue prestado para una exposición y en la cual, la encargada/curadora/organizadora sólo se jactaba del arduo trabajo que tuvo para lograra, y todo hubiera sido perfecto (obras medianamente aceptables, gente del medio y los artistas involucrados) sino fuera porque la boca de la señorita fue más grande que su trabajo. Errores de curaduría, faltas ortográficas y de sintaxis en sus hojas de información de la obra y para rematar su falta de supervisión, el texto de vinilo en la pared fue puesto sin leer, ya que presentaba los mismos errores que todas los hojas impresas.

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