Mad

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Son casi las tres de la mañana y sigo con insomnio, me he fumado tres toques y aún así sigo sin poder dormir, ya no sé qué más puedo hacer. Mi mente está acelerada y gira con todo lo que cruza frente al monitor, entre artículos que hablan sobre lo dañino que es navegar por internet, idioteces, páginas culturales pésimas pero que cuentan con capital para existir y tener un alcance aceptable.

Lo irónico de todo esto es que, al final ya nada me estremece, todo se vuelve aburrido, monótono e innecesario para seguir despierto; ni siquiera una caminata nocturna ayuda a tener sueño, mi cuerpo está cansado y no responde, mi mente gana y me mantiene despierto durante la noche de la última megaluna, y ¿qué tiene de maravillosa? 

Todas las noches en las que sufro de insomnio terminan en esa canción. Espero que nunca acabe en un mundo así.

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Confesión

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Llegué al final, fui la escoria de la humanidad y me siento privilegiado de serlo; nunca creí que allí encontraría la paz que tanto buscaba. Mientras más mierda era, mejor me encontraba.

Bum

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Podría decirles su nombre, pero, ella qué culpa tiene de mi idiotez; mi pasado me persigue y no sé lidiar con él. Veo a la gente a mi alrededor y la mayoría son quedados; en algún momento creí que acabaría así, pero ya no, recuerdo mi pasado y hay algo que me gusta, quisiera estar en él para siempre, un loop en lo que podría llamar la gran etapa de mi vida. ¿Qué me hace pensar eso? Que ahí no tenía que preocuparme por nada, sólo la fiesta, yo y todos los coños que pudiera tener, y ahora sólo pienso en uno, en el primero que se enamoró de mi y que dejé pasar por toda la diversión que he tenido. La encontré al azar y espero volverla a ver así; Mallarmé me enseñó que un golpe de dados jamás abolirá el azar, y ya fueron tirados.

Me encuentro atascado y he decidido convertirme en el ser que tanto odio, opte por encerrarme en una oficina, jugar la vida como todos quieren que sea jugada. Aprendo sus reglas, pero no he aprendido las mías, sigo ganándome y sólo me llevo a la perdición.

Les había dicho que no pondría su nombre, pero no veo el caso de ocultarlo, ha pasado el tiempo suficiente de duelo, nadie que la conozca leerá esto. Tengo la imagen vivida del momento que la vi por segunda vez y es ahí donde todo inició. Recuerdo el frío de otoño, nosotros saliendo de un bar en Coyoacán y ella pasando por ahí con sus amigas, aún no estaba ahogado faltaba más fiesta, ella se iba; intercambiamos números y al siguiente fin de semana ya estábamos de fiesta juntos por 8 meses. Me acompañó al funeral del abuelo que nunca conocí y por quién, la única lagrima que solté fue al verlo en su caja antes de pasarlo al velorio, mi madre y yo fuimos quienes decidimos que estaba presentable.

El futuro me alcanzó

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Perdí hace mucho tiempo; recuerdo no haber discutido esa vez, ya no valía la pena, otra vez fui traicionado por las personas que habían prometido estar junto a mi. He estado sentado por 15 años esperando poder caminar por el último pasillo, sé que debo hacerlo, mi conciencia ya está tranquila y sólo espera el final.

Después de haber sido detenidos por un oficial de tránsito que dudó sobre nosotros -nunca nos imaginamos acabar así- fue todo lo que cruzó por mi cabeza mientras iba en la patrulla. Sabía que a partir de este momento iba solo por mi cuenta.

Voy bajando las escaleras hacia el juzgado y la sangre se vuelve liviana; llego flotando ante el Juez, un jodido narizón, me va a querer condenar con todo el peso, será lo mejor para mi. Hemos empezado mi juicio, me he declarado inocente para jugar un rato con el Juez; me gusta estar discutiendo con quién se deje y que mejor para eso que toda la bola de palurdos en un juicio. Esta vez sé que voy a perder y me importa un carajo, lo único que quiero es discutir por el placer de hacerlo.

Mi abogado es un imbécil, así lo escogí, un abogado de oficio recién salido de una escuela pública, son ratitas asustadas. Mientras el Juez Barnaby Pérez (lo sé, es inevitable burlarse de él, y más si vieran su rostro de que nunca cursó por una escuela de leyes) leía los cargos que se me imputan y le echa ojitos a su cuasi secretaria creyendo que nadie lo ve; mi abogado lee y relee mi caso, por la cara que pone sé que perderemos y no me importa, sólo quiero mi última pelea verbal con alguien, y para mi suerte es un pelele que se hace llamar Juez.

¿Cuántos días podré aguantar sin mentarle la madre? Espero sean varios y no por miedo a la sentencia, sólo quiero morir con una sonrisa. Mi abogado trata de defenderme, dice que la forma que me detuvieron no es la correcta y que sólo por eso no debería estar aquí sentado, esas lagunas legales me dan risa; ya le dije que pierda, pero que se tarde algunos días para que yo pueda disfrutar la incompetencia del supuesto servidor público. Me han tratado de maravilla, todos los días como a la carta y si es posible (depende del celador en turno) me traen un buen servicio de fast food. Fumo todos los días antes de dormir, mientras pasa eso, tengo una mezcla de sentimientos entre seguir el juicio o ya terminarlo.

Llevamos siete días y el supuesto juez ha faltado cuatro; eso es lo que me está desesperando, tantos comerciales de justicia pronta y expedita, y no pueden cumplirla conmigo; he pensado seriamente en decirle a mi abogado que de por terminado el juicio a su conveniencia, dejemos mi vida al azar un coup de dés jamais n’abolira le hasard va ya me da lo mismo la pena de muerte o ser liberado, que decida el palurdo que estudió derecho.

Estoy en mi celda y veo las noticias, aquí me dicen el jr. porque no soy el típico delincuente que agarran, yo digo que sí, si estás aquí es porque eres un delincuente cualquiera, no hay diferencia entre el que lo hizo por necesidad y el que lo hace por placer y gusto. Yo soy el último.

¿Patria?

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Por hoy he acabado, falta una puta hora para irme de aquí; hoy estuve a punto de decirle a mi jefa que a pesar de ella, los libros salen. Pero no es necesario por ahora, eso será el día que me vaya sea por cuenta propia o por mutuo acuerdo convenido por una parte.

Dicen que hay una vida fuera de los cubículos y edificios de oficinas al puro estilo de los 50’s o 60’s, pero ya no sé si creerlo; es cómo la pregunta que un profesor nos hizo en la universidad ‘¿Tengo nuca?’, aquí podría cambiarla por ¿Tengo una vida? Y podría responderla cómo la mayoría contestaría a la anterior ‘sí’, pero seamos viscerales, en el momento que entras a un cubículo, rodeado de gente incompetente que sólo está por estar o que cumplen con el estereotipo godinezco. Son arcaicos, aquí vienen a morir, parece un cementerio de elefantes y lo peor es que me encuentro aquí.

No quiero seguir aquí, pero cómo buen adulto contemporáneo tengo deudas que pagar y “la situación actual” no es favorable para estar buscando trabajo sin tener uno. Son una mierda, estúpidos iletrados haciendo libros de educación que tienen el cinismo de abrir la boca para defender un libro con errores de contenido diciendo que han publicado peores libros. No conocen las obras que editan, le tienen miedo al autor y lo peor, no saben ser jefes. Están a la vista sus incompetencias y quieren culpar a otro, que se metan su trabajo por el culo, tal vez, así aprendan un poco. Si en South Park aprendieron a comer por el culo y cagar por la boca, posiblemente aquí aprendan más y cuando abran su estúpido hocico no la caguen tanto. Realmente no soy el mejor para hablar de esto, he ido de un trabajo a otro, uno mas asqueroso que el anterior, y así será hasta que quiera.

>Quiero ver arder el mundo sentado en lo alto de la montaña mientras fumo. El sistema falló, no hay más por hacer, nosotros somos el sistema, nosotros lo creamos, nosotros somos responsables de él, no él de nosotros.

El trabajo no me define, pero sí ayuda a querer ver el mundo arder y sólo queden las cenizas. Frente a mi tengo un pdf con todo un libro de salud, pésimamente editado, es de mi jefa y me da risa; ya hablaron para las entrevistas y mi teléfono nunca sonó, eso quiere decir que, este año  otra vez valió madres.

Luis R. González Covarrubias

Extremismo

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La gente pide cambios y ruegan porque sean, pero, ¿qué es lo que pasa cuando a ellos les cambian un espacio? Ahora hay que defender todo porque es lo políticamente correcto, incluso los no lugares. Recuerdo que leí el comentario de algún conocido en mi timeline de alguna red social que le molestaba la remodelación que le hicieron a la estación Isabel la católica del metro; sólo es la costumbre de quejarse de todo, defender todo o no se sabe distinguir entre trivialidades y la vida real.

Hay que discutir y defender hasta las paredes falsas y de anuncios en el metro; la queja es que ahora parece un tugurio gay, piden diversidad pero se escandalizan cuando la tienen, quieren la uniformidad que su pensamiento extremista cobija. Ellos le llaman tolerancia, yo le llamo zona de confort.
Grosso de la población que pide la diversidad, en el fondo son extremistas y berrinchudos, quieren que las cosas sean como ellos dicen y se frustran si no es así, no han aprendido a lidiar que no son las únicas bolsas de carne que ‘tienen’ razocínio, existen otras bolsas, y todas tan diversas como comentarios racistas.

Luis R. González Covarrubias

Chuleta

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Hace mucho tiempo que no oía la frase de ‘hay que corretear la chuleta’, ahora que salió de mi memoria me hizo recordar cuando era graciosa y un amigo decía de los taxistas que no hacían alto a la parada: ‘ha de comer carne todos los días’. Claro, esos comentarios dan risa cuando uno tiene 16 años y no tiene la necesidad de trabajar porque tiene unos buenos padres que solventan todo (incluso las idioteces como el robo de una camioneta sacada sin permiso mientras están de viaje), pero, pasan los años, uno va creciendo y esos gastos hay que irlos absorbiendo, ahora la frase de corretear la chuleta tiene sentido, y más cuando uno está de freelance.

Luis R. González Covarrubias

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