El futuro me alcanzó

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Perdí hace mucho tiempo; recuerdo no haber discutido esa vez, ya no valía la pena, otra vez fui traicionado por las personas que habían prometido estar junto a mi. He estado sentado por 15 años esperando poder caminar por el último pasillo, sé que debo hacerlo, mi conciencia ya está tranquila y sólo espera el final.

Después de haber sido detenidos por un oficial de tránsito que dudó sobre nosotros -nunca nos imaginamos acabar así- fue todo lo que cruzó por mi cabeza mientras iba en la patrulla. Sabía que a partir de este momento iba solo por mi cuenta.

Voy bajando las escaleras hacia el juzgado y la sangre se vuelve liviana; llego flotando ante el Juez, un jodido narizón, me va a querer condenar con todo el peso, será lo mejor para mi. Hemos empezado mi juicio, me he declarado inocente para jugar un rato con el Juez; me gusta estar discutiendo con quién se deje y que mejor para eso que toda la bola de palurdos en un juicio. Esta vez sé que voy a perder y me importa un carajo, lo único que quiero es discutir por el placer de hacerlo.

Mi abogado es un imbécil, así lo escogí, un abogado de oficio recién salido de una escuela pública, son ratitas asustadas. Mientras el Juez Barnaby Pérez (lo sé, es inevitable burlarse de él, y más si vieran su rostro de que nunca cursó por una escuela de leyes) leía los cargos que se me imputan y le echa ojitos a su cuasi secretaria creyendo que nadie lo ve; mi abogado lee y relee mi caso, por la cara que pone sé que perderemos y no me importa, sólo quiero mi última pelea verbal con alguien, y para mi suerte es un pelele que se hace llamar Juez.

¿Cuántos días podré aguantar sin mentarle la madre? Espero sean varios y no por miedo a la sentencia, sólo quiero morir con una sonrisa. Mi abogado trata de defenderme, dice que la forma que me detuvieron no es la correcta y que sólo por eso no debería estar aquí sentado, esas lagunas legales me dan risa; ya le dije que pierda, pero que se tarde algunos días para que yo pueda disfrutar la incompetencia del supuesto servidor público. Me han tratado de maravilla, todos los días como a la carta y si es posible (depende del celador en turno) me traen un buen servicio de fast food. Fumo todos los días antes de dormir, mientras pasa eso, tengo una mezcla de sentimientos entre seguir el juicio o ya terminarlo.

Llevamos siete días y el supuesto juez ha faltado cuatro; eso es lo que me está desesperando, tantos comerciales de justicia pronta y expedita, y no pueden cumplirla conmigo; he pensado seriamente en decirle a mi abogado que de por terminado el juicio a su conveniencia, dejemos mi vida al azar un coup de dés jamais n’abolira le hasard va ya me da lo mismo la pena de muerte o ser liberado, que decida el palurdo que estudió derecho.

Estoy en mi celda y veo las noticias, aquí me dicen el jr. porque no soy el típico delincuente que agarran, yo digo que sí, si estás aquí es porque eres un delincuente cualquiera, no hay diferencia entre el que lo hizo por necesidad y el que lo hace por placer y gusto. Yo soy el último.

¿Sí me entiendes viejo?

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Sólo por hoy; así es cómo despierto todos los días, sólo por hoy. Me siento un alcohólico anónimo cada vez que me veo en el espejo todas las mañanas cuando debo ir a trabajar; desganado pero con una ilusión en la vida.

Los fines de semana se han vuelto monótonos, la semana ni se diga y por mi ya no recorre el deseo godin de que sea viernes. Llego a mi lugar y me pongo los audífonos, no quiero saber de nadie y me pongo a trabajar. Estoy rodeado de personajes creados por la mente menos imaginativa que pueda existir.

Es lunes por la mañana y no tengo computadora con qué trabajar. Quieren que todo sea rápido de este lado, pero no son capaces de exigirle a un autor, les tienen miedo; estúpidas estrellitas marineras que se ahogan en un charco.

Libros de educación es el negocio editorial en un país que no lee, pero todos deben cargar 8 libros diarios de más de 200 páginas cada uno, no importa que se lean o no, lo importante es hacer que toda la colección esté en todas las preparatorias posibles del país. Y para eso están todos los monos alados que trabajan en automático; editores que no leen, que no conocen el contenido de los libros que trabajan y sólo saben aventar la bolita del otro lado de la cancha; una preprensa que pasa más tiempo en Internet que un puberto en vacaciones; divas cómo autores que no cumplen fechas de entrega, pero que se molestan si las regalías no están en la cuenta correspondiente un día antes del depósito programado.

Un director cuenta centavos en pagos a proovedores y freelance que quiere trabajo de una calidad impecable y a bajo costo, sus tabuladores datan de mi época de secundaria. Quiero decirle que se metan sus mal logrados libros por su recto culo que nada puede perturbar, ¿sí me entiendes viejo?

Luis R. González Covarrubias

¿Patria?

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Por hoy he acabado, falta una puta hora para irme de aquí; hoy estuve a punto de decirle a mi jefa que a pesar de ella, los libros salen. Pero no es necesario por ahora, eso será el día que me vaya sea por cuenta propia o por mutuo acuerdo convenido por una parte.

Dicen que hay una vida fuera de los cubículos y edificios de oficinas al puro estilo de los 50’s o 60’s, pero ya no sé si creerlo; es cómo la pregunta que un profesor nos hizo en la universidad ‘¿Tengo nuca?’, aquí podría cambiarla por ¿Tengo una vida? Y podría responderla cómo la mayoría contestaría a la anterior ‘sí’, pero seamos viscerales, en el momento que entras a un cubículo, rodeado de gente incompetente que sólo está por estar o que cumplen con el estereotipo godinezco. Son arcaicos, aquí vienen a morir, parece un cementerio de elefantes y lo peor es que me encuentro aquí.

No quiero seguir aquí, pero cómo buen adulto contemporáneo tengo deudas que pagar y “la situación actual” no es favorable para estar buscando trabajo sin tener uno. Son una mierda, estúpidos iletrados haciendo libros de educación que tienen el cinismo de abrir la boca para defender un libro con errores de contenido diciendo que han publicado peores libros. No conocen las obras que editan, le tienen miedo al autor y lo peor, no saben ser jefes. Están a la vista sus incompetencias y quieren culpar a otro, que se metan su trabajo por el culo, tal vez, así aprendan un poco. Si en South Park aprendieron a comer por el culo y cagar por la boca, posiblemente aquí aprendan más y cuando abran su estúpido hocico no la caguen tanto. Realmente no soy el mejor para hablar de esto, he ido de un trabajo a otro, uno mas asqueroso que el anterior, y así será hasta que quiera.

>Quiero ver arder el mundo sentado en lo alto de la montaña mientras fumo. El sistema falló, no hay más por hacer, nosotros somos el sistema, nosotros lo creamos, nosotros somos responsables de él, no él de nosotros.

El trabajo no me define, pero sí ayuda a querer ver el mundo arder y sólo queden las cenizas. Frente a mi tengo un pdf con todo un libro de salud, pésimamente editado, es de mi jefa y me da risa; ya hablaron para las entrevistas y mi teléfono nunca sonó, eso quiere decir que, este año  otra vez valió madres.

Luis R. González Covarrubias

¿Y si quiero hacer bromas del difunto?

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En teoría, el blog sería un diario público acerca de mi vida e idiosincracias, pero al pasar del tiempo, entre el abandono y la perdida de continuidad en la vida cotidiana se convirtió en el lugar donde aparecen las cosas del cajón o tonterías.

Después de retomar la lectura de dos libros decidí, también retomar la escritura diaria para el blog y hoy me encuentro sin saber de qué escribir. Podría ser del pésimo empleo que tengo (y no por el trabajo, sino por la pseudojefa que tengo), del chavoruco que vive conmigo, incluso de la cotidianidad de lidiar en el tráfico con estúpidos salvajes al volante que tienen un ego más grande que vehículo y su virilidad más pequeña que su celular.

La verdad, esos temas me importan un carajo de mierda violada por la postsociedad. Prefiero hablar de trivialidades cómo la muerte.

Es trivial desde el momento que nacemos, porque todos tenemos que morir (excepto Chabelo, él le picaba el ombligo a Dios mientras diseñaba y esperaba el render de la Creación) y no hay nada más que se pueda hacer, sólo esperar a que pase y disfrutar el recorrido. Ese recorrido es un viaje entre psicodelía, vida regular y otras tantas mamadas que dicen deben pasar para que seas un ser humano completo. Recuerdo varias anécdotas que incluyen bromas sobre la muerte, o bromas en momentos de muerte cómo el velorio del abuelo que nunca trate y que la primera vez que lo vi en mi vida le dije tío; era un tipo raro, tosco y violento, pero la edad lo calmó o cansó, lo que haya sido primero.

Tendemos a reverenciar cualquier acto público y los púbicos tratamos de taparlos con la noche y unas cuantas sábanas para eso de la pena por tu cuerpo. Todo se vuelve formal llegando a cierta edad, ya no se te permite bromear de algún tema porque se califica cómo agresivo, ignorante o cualquier otro adjetivo sin eufemismo.

La muerte es el acto más reverenciado y canónico que existe; ¿y si quiero hacer bromas del difunto? Una vez muerto, se convierte en una buena persona; qué pasó con las críticas por su carácter, o las cosas que hacía y molestaban. Nadie es santo, ni siquiera los que el Vaticano dice, todos somos humanos y somos unos hijos de puta que tratamos de persuadirnos y ser mejores personas dentro del canon social. Nos comportamos con una doble moral en todo lo que hacemos, nos autocensuramos por la equidad y las buenas costumbres contra las que luchamos.

Quiero estar en un funeral donde no tomen a mal las bromas, quiero decir junto al ataúd que a esa carne seca le faltó tiempo para marinarse, quiero escuchar comentarios realistas del personaje frío y puesto a exposición; incluso, porqué no se hace una inauguración al puro estilo del jet set y snobista del arte. El muerto está muerto, y no podemos cambiar eso, pero sí podemos ser cómo éramos antes de la noticia de que fulanito se murió y aparezcan las caras tristes y los comentarios hipócritas de autocondolencia sobre el cadáver relleno y encajonado.

Luis R. González Covarrubias

Definitivo, confirmo el dicho:

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El miércoles mientras estaba en el trabajo y después de varios días resolviendo idioteces, decidí hacer una publicación en mi muro. Es algo normal en estos días; todos usamos las redes sociales para compartir quiénes somos con los demás, conocidos o extraños. Me he vuelto fan de la tecnología, incluso cuando hace unos años sostenía el discurso de que es útil, pero no la necesitamos realmente; ahora, cómo lo escribí unos renglones arriba, soy fan.

Pero, mientras más las utilizo me doy cuenta que, no importa lo que critiques, tampoco lo que defiendas, al final terminamos en la postura que criticamos. Recuerdo a un amigo que le encantaba discutir y sabía prender a la gente para que su fibra más débil se tensara al máximo.  Lo impresionante es que, dentro de un círculo de gente crítica no son capaces de usar lo que más defienden. Algunos comentarios me ocasionaron una risa tremenda, otros me sorprendieron por sus autores, y me divertí mientras transcurría el día; observe que siguen existiendo temas tabú con una fuerza de represión impactante. Seguimos con el miedo de hablar, hacer comentarios, burlarse de ellos  y enfrentarlos cómo son. Es la forma que pierden poder, y al final sólo serán una burla de la burla.

Maravilla de la humanidad

Sólo un comentario fue hecho por un hombre.

La regla se rompió hace mucho tiempo. los cánones están siendo modificados, ¿quieremos retroceso o avance?

Gritamos en las calles ¡Tolerancia! ¡Libertad!, exigimos que nos las den porque es nuestro derecho, y sólo lo queremos hacia nosotros. Grandes discusiones bizantinas se resuelven con el primer grito si se aplica en doble vía. Dejar la doble moral, esa es la mierda más cojonuda que podemos tener; se quiere el cambio, entonces que sea directo, mentemos la madre cuando sea necesario sin olvidar que siempre habrá un otro lado que la reciba y que puede regresarla. Debemos aprender a relajarnos, no todo son ataques.

Luis R.González Covarrubias.

Extremismo

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La gente pide cambios y ruegan porque sean, pero, ¿qué es lo que pasa cuando a ellos les cambian un espacio? Ahora hay que defender todo porque es lo políticamente correcto, incluso los no lugares. Recuerdo que leí el comentario de algún conocido en mi timeline de alguna red social que le molestaba la remodelación que le hicieron a la estación Isabel la católica del metro; sólo es la costumbre de quejarse de todo, defender todo o no se sabe distinguir entre trivialidades y la vida real.

Hay que discutir y defender hasta las paredes falsas y de anuncios en el metro; la queja es que ahora parece un tugurio gay, piden diversidad pero se escandalizan cuando la tienen, quieren la uniformidad que su pensamiento extremista cobija. Ellos le llaman tolerancia, yo le llamo zona de confort.
Grosso de la población que pide la diversidad, en el fondo son extremistas y berrinchudos, quieren que las cosas sean como ellos dicen y se frustran si no es así, no han aprendido a lidiar que no son las únicas bolsas de carne que ‘tienen’ razocínio, existen otras bolsas, y todas tan diversas como comentarios racistas.

Luis R. González Covarrubias

Sin Origen

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Estoy transcribiendo unos mails; le encantaba discutir y en especial con gente terca. Después de leerlos recordé el día que se presentó a mi con una idea que sólo a él se le podía ocurrir;

    vamos a comernos el mundo, no quiero tener un jefe, quiero ser el mío.

Y ahora, cuatro años después, estoy con la idea en la cabeza, nos pudimos comer el mundo; el presente no es tan grato como las palabras. Me encuentro en un trabajo sin futuro cercano, peleando por mantener unos ideales y sobrellevando la vida. Estoy trabajando en sus mails y cada insulto que leo, lo imagino contándome cómo se lo dijo mientras se acomoda el sombrero con una mano y en la otra mantenía un cigarro. Era un maldito hijo de puta. Quiero encontrar el primer texto del que hablan, estoy casi seguro de lo que dice, pero, quiero verlo, quiero leer y saber qué fue lo que motivó a que moviera las aguas de la argumentación.

Él debería seguir aquí, sería una de las grandes mentes de nuestra generación. Esas discusiones literarias que teníamos mientras estábamos rodeados de ‘seres obscuros’ que bailaban al son de here comes your men y viendo por el balcón cómo se madreaban a un borracho que armaba pedo en la entrada; sólo vimos como voló a la jardinera de la banqueta después de recibir el puño de un tal Beverly en el rostro. Hace poco le explicaba a alguien sobre los genios y mientras los describía me acordé que así era; esa fue la razón por la que decidí apoyarlo en la más grande idiotez que podíamos hacer en ése momento. Seamos empresarios de la cultura, de esa forma nos comeremos al mundo.

Y si las mujeres viven más años que Hölderlin, si se pegan menos veces en la rodilla que Da Vinci, si se limpian más veces la cara que Kant, o producen más anticuerpos que Foucault… da igual.

Con este tipo de frases era capaz de argumentar por la simple idea y placer de enfadar a la gente; nunca entendí por qué no lo madrearon, alguien lo cuidaba mientras abría la boca para “hervir las aguas de la discusión”, de no ser así, la suerte existe y él se la acabó por la boca. Discutía por discutir, con la persona que fuera, sus maestros de la facultad, con el personaje extraño que trabaja los turnos nocturnos del seven e incluso con la policía.

Íbamos a sacar una revista donde todo eso estuviera, lo he intentado y lo haré de una forma u otra; su nombre lo consiguió hasta que se murió, el origen de todo esta idea y fascinación por la vida y sus alteraciones no existía más, reventó como su genialidad lo guiaba, tenía que hacerlo pero no cuando estábamos por conquistar el mundo, el problema fue que se gastó toda su suerte con la boca.

tuinky

Luis R. González Covarrubias

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